Los buenos
oyentes saben que las historias cuyo origen son las memorias suelen ser las más
llenas de emociones. Un padre lleva a su hijo de viaje al campo en su auto y
con tono bromista le cuenta cómo recorría esos campos, aunque fuese por
trabajos agotadores y un sol inclemente, viendo hacia atrás, suena muy
divertido. Una abuela le cuenta a su nieto sobre las horas de camino y los
transportes que debía tomar solo para ir y volver de su trabajo como maestra en
una humilde escuela, de cuán cansado era pero también de los
bonitos regalos de sus alumnos, recordándoles con una sonrisa, suena
muy hermoso.
El oyente no
es dueño de esas historias pero para él es un regalo invaluable, como un
retrato muy caro, un pedazo del pasado perdido que ahora comparte y un toque de
conocimiento que siempre es bueno.
a mi familia, por enseñarme a escuchar y compartir sus historias.

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