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3/8/15

Los problemas del escritor: Acto 2

          Bajo la sonrisa de la luna                      

Las palabras que sentenciaron el fracaso de mis intenciones se encuentran ya unos metros atrás mientras me dirijo a ¨ninguna parte¨ con vista a ¨no se donde, en realidad, se puede decir que el total de mis sentidos solo funcionaban lo suficiente como para no dejarme salir de la cera y no tropezar con ningún objeto del suelo que parecía estar y al mismo tiempo no; el resto de (en ese momento) mi egocéntrico ser daba vueltas en su cabeza lanzado peste contra todo y culpando a cualquier o cualquiera por la ¨desgracia¨.

Mientras avanzo en una media oscuridad evitando al ocasional transeúnte y sin alzar demasiado los ojos un dolor de cabeza punzante aparece remarcado por la intervención intermitente de las luces de faros de la calle y de vehículos, es como una alerta diciendo ¨hey amigo, será mejor que te calmes o en serio explotaras¨ pero solo sirve para que las maldiciones que se quedan en mi mente solo crezcan y respondan ¨ ¿Qué sabes tu?, vete a la mierda¨ mientras sigo caminando de forma inerte y solo siendo recordado por el constante sonidos de mis pasos.

Luego de no se cuantas calles recorridas ni mucho menos estar consiente del tiempo transcurrido, finalmente un debate se lleva de forma pacifica dentro de mi ser y las negociaciones parece ir bien pero los miedos e inseguridades fungen como buenos diplomáticos que no retroceden ni dejan un solo hueco en blanco, son feroces pero aun así todo puede irse manejando. La obscura expresión de mi rostro parece desaparecer lentamente pero los pensamientos siguen ahí queriendo arrancar hasta el último rasgo de esperanza.

El estridente sonido de las inseguras preguntas que ocasionaron este desastre ya casi son solo ecos lejanos pero entonces surge algo mas ¨ ¿tienes el valor para recuperarte?¨. Solo eso basta para que por primera vez en toda la noche me detenga y en un acto casi por reflejo-casi por desesperación miro directamente al cielo y a la Luna que ahora se encuentra justo encima de mi acompañada de una que otra estrella, doy un vistazo lo suficientemente largo como para notar que esta en esa fase donde parece una enorme sonrisa en el cielo pero lo suficientemente corto como para que un transeúnte no piense que estoy loco.


En ese preciso instante al bajar la mirada me detengo en seco solo para preguntarme ¨ ¿y que si me ve?¨, e inmediatamente vuelvo a dirigir la vista al firmamento para contemplar una bella sonrisa que parece estar dirigida a todos los bienaventurados de esa noche. Un largo suspiro y un pequeño escalofrió salen a relucir mientras me giro en dirección a mi hace ya tiempo para nada visible hogar y esta vez con una sonrisa en el rostro y con nada dentro de mi, una resolución firme de volver se apodera y entonces detengo un taxi.